Cuando era pequeño, la escuela nos llevaba muchas veces a disfrutar de museos.
La verdad es que a nosotros no nos gustaba. ¡Eran aburridos!
En un museo no se puede correr. Está prohibido gritar. Y, bueno, hasta hablar.
Siempre íbamos con alguien que nos contaba la historia de los cuadros, aunque ninguno le prestábamos atención.
Por aquellos tiempos estábamos a otras...
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